Discos
Cheryl Cole - “3 words”
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Pasan los 44 minutos de “3 words” y queda muy poco para recordar de Cheryl Cole. Sí, está bien, al comienzo hay temas que pueden resultar pegadizos ("Parachute") y estribillos que para muchas chicas funcionarán bien en la pista de baile ("Heaven"). Al final y al cabo, ese es el objetivo del debut en solitario de la cantante británica que salió del grupo femenino Girls Aloud. Pero desde una perspectiva musical más global, este es un ejercicio de monotonía dance-pop insípida, olvidable como una noche de las malas.
Ni los amigos con pergaminos son capaces de levantar un álbum consistente. Su padrino musical, el cerebro de The Black Eyed Peas, Will.i.am, actúa como productor ejecutivo y firma cinco de los 11 temas en co-autoría, pero no logra dar solidez al trabajo de una estrella producto de la maquinaria.
"Fight for this love" pudo haber ingresado directamente al número 1 en los charts del Reino Unido y ser el sencillo de más rápida venta el año pasado en esas latitudes, pero eso no significa trascendencia. Acá los beats suenan deslavados y la lírica desechable. SEBASTIAN VASQUEZ R.
Iron Maiden - “The final frontier”
* * * 1/2
Es difícil que alguna vez Iron Maiden pueda superar lo que hizo con “The number of the beast” o “Seventh son of a seventh son”. Pero “The final frontier” es la búsqueda de esa semilla germinal que los llevó a invocar el heavy metal como la nueva opción que necesitaba el underground rockero, a fines de los años ’70.
Su fresca mirada sobre la crítica social y un sonido que ya no se alumbra sólo con los riffs intensos de las guitarras – y que, es más, se acerca a la electrónica y la música industrial-, permiten equilibrar el pasado y el presente, a través de experiencia, madurez y riesgos, como que el disco sea el más largo de su carrera artística.
Épico, agresivo y misterioso, Iron Maiden se vuelve denso y complejo. Si bien “The alchemist” y “El Dorado” se alzan como piezas irrenunciables de un álbum llamado a marcar el nuevo inicio de la banda e invocan a un Bruce Dickinson en plena forma, hay canciones -como “Isle of Avalon”- que hacen que la segunda mitad del disco sea necesaria repasarla para abrazarla.
Aún así, hay varios motivos en ciernes para mantener la leyenda en el nuevo siglo. Y eso es gozar de buena salud. ROMMEL PIÑA A.
M.I.A. - “MAYA”
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Si Residente de Calle 13 es la voz del pueblo latino y discriminado. Mathangi Arulpragasam -alias M.I.A- hace lo suyo desde la vertiente femenina. Y en su estilo. Ese con olor a graffiti, barrial, medio inglés, medio tamil, y lleno de pieles oscuras, y bueno… de otros colores también. Porque “Maya”, su cuarta entrega, es claramente la cúspide de su activismo musical, situación confirmada por el polémico single-videoclip “Born free”. No racismo, no guerra, no empresas, no contaminación. Puro mensaje y poco personaje. Y las sierras y atmósferas industriales de “Steppin up” o los aviones de “Story to be told” adornan tal discurso, en sintonías crudas y 100% bailables.
Espíritu que se fecunda en cada canción, dejando espacios para grandes hits –como la electrónica y dancehall “XXXO”; o la militar “Tell my why”- y para baladas nostálgicas repletas de beats como la muy playera y muy reggae “It takes a muscle”. A M.I.A se le agradecen los experimentos, esa esencia urbana que no teme a silencios y ruidos –“Space”- y que incluso es capaz de robar, cual DJ pirata un set de guitarras punks –“Meds and feds”-. Y es que sabe que no es guapísima como Rhianna, o tan dotada vocalmente como Santigold. Es la gritona que escupe picante y con cuento. ANDRES MUÑOZ
LUCYBELL - “Fénix”
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La vida nos enseña que el cambio es permanente y que incluso el mejor imitador sabe de su fraude y sueña con los originales. Hace 10 años, Lucybell debió reconfigurarse tras la salida del teclista Gabriel Vigliensoni y el bajista Marcelo Muñoz. El resultado fue “Amanece”, un título esperanzador para un grito de supervivencia capturado en un disco sólido y espacioso. El éxito posterior del registro en vivo “Sesión futura” brindó el tiempo necesario para explorar. Progresivamente el grupo fue girando hacia un sonido más agresivo y rockero. Cote Foncea reemplazó a Francisco González en la batería y el power trío llegó a la cumbre de decibeles, densidad y sequía radial en el EP “Primitivo” de 2007. La falta de singles ganadores es cruel como la ausencia de goles para un delantero. Por eso es una fiesta escuchar “Ave fénix”, el mejor single del grupo desde “Sálvame la vida” (2003). Para su primer álbum de estudio en cuatro años, el combo apostó por el arte de la resurrección y trabajó con Gustavo Pinochet (Kudai, Sum) como co-productor. Curiosamente, “Fénix” suena como el proceso en sí, no como la meta: es un Lucybell menos estridente, más melódico y luminoso, pero que no termina de abrazar la demoledora promesa pop de su single.
Como viejos zorros, los músicos evitan el auto plagio, ese espejismo de “volver a las raíces” que convierte en piedras a tantos, pero avanzan con timidez entre baladas y temas sosegados. Los quiebres llegan con una hermosa miniatura acústica (“Júpiter”) y la amenazante “Nunca será fácil amar así”. Si después de las tinieblas viene la luz, acá están recién prendiendo los focos. Con la oscuridad radicada en “Gemini”, el disco solista del líder Claudio Valenzuela, y en Galatea, el trío paralelo del bajista Eduardo Caces, “Fénix” deja la sensación de un vaso a medio llenar. A ver si el inminente vigésimo aniversario de la banda corona la ruta. SERGIO CANCINO(DESTACADO)
Si después de las tinieblas viene la luz, acá están recién prendiendo los focos.
Kylie Minogue - “Aphrodite”
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Viene a recuperar su sitial y apoderarse de la pista de baile como la estrella de canciones dance-pop que es. La guapísima australiana se viste de diosa helénica para entregar un álbum redondo, donde las luces láser vislumbran éxitos seguros (“All the lovers”, “Get outta my way”, “Cupid boy”) y la euforia recorre cada centímetro de su cuerpo, que se mueve a punta de sensuales espasmos musicales (“Aphrodite”, “Illusion”).
El oficio de Stuart Price (Madonna, The Killers) logra equilibrio y continuidad entre tanta heterogeneidad de colaboradores (Jake Shears, de Scissor Sisters; Tim Rice-Oxley, de Keane Sisters, Calvin Harris, Nerina Pallot) y aporta un sello especial en los sintetizadores, que en algunos de los mejores tracks (“Closer”, “Can’t beat the feeling”) forman espirales digitales con guiños a esa electrónica estelar de “Discovery”, de Daft Punk. No hay rellenos, ni mezquindad. Aquí Kylie demuestra que sin ser una cantante dotada, tiene habilidades suficientes para hacer buenos discos. Y este, es, sin duda, su mejor trabajo desde el superventas “Fever” (2002). SEBASTIAN VASQUEZ R.
The Magic Numbers
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“The runaway”

La banda de los hermanos Stodart y Gannon siguen en la ruta de musicalizar sus historias románticas que desde Ealing, Inglaterrra, han engrosado dos espléndidos discos para el indie global: “The Magic Numbers” (2005) y “Those the brokes” (2006). En esta nueva aventura, su sonido ha dado un paso hacia adelante. Se salieron de ese pop dulce y tristemente enternecedor que marcó sus discos anteriores, para mostrarnos un camino donde sus canciones suenan más secas y espaciales y donde el juego de sus armonías vocales sigue siendo la base de sus composiciones. ¿Suenan más indie? Sí y es fácilmente comprobable en temas como “Why did you call tonight” y “Once I had”, pero su esencia más profunda se manifiesta en canciones como “Throwing my heart away” y “Only seventeen”.
Un disco que demuestra madurez y crecimiento musical y lírico, dejando una interpretación abierta con un título que sugiere un escape. No queda claro de que huyen y si existen las razones para hacerlo. Aunque eso no importa mucho. GONZALO TAPIA
Arcade Fire - “The suburbs”
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Arcade Fire son de esos compañeros de viaje entretenidos. Capaces de hablar de aquellas cosas comunes que inundan la vida y la profanidad de la estética actual, tanto como la trascendencia del entorno y la sensibilidad del paisaje. Impredecibles, sustanciosos, amenos.
Por eso, “The suburbs” pone la banda sonora para el viaje desde una precaria fragilidad tecno y un intenso aroma a rock contemporáneo. Sonidos que remiten desde Neil Young hasta David Bowie y Depeche Mode, inspirados en los suburbios de Houston (Texas, EE.UU.), bajo el prisma de que si la nostalgia es un producto reciclable, aquí puedes encontrarles varios usos.
Sin aspavientos, con más madurez y sensibilidad que en “Funeral” y “Neon bible”, Arcade Fire acierta notables momentos de distensión en “Sprawl II”, “Empty room” y “Month of may”, a través de sonidos tibios, delicados, armónicos y epifánicos, que contrastan con las guitarras e intensidad que brota por momentos. “The suburbs” es un disco ideal para la compañía, el peregrinaje, la tarde de regreso a casa y quedarse tarareando sus melodías un buen rato. ROMMEL PIÑA A.
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